EDITORIAL
Cuando se contempla la maravillosa pista actual y la memoria retrocede a la
primitiva del campo de la Arboleda, se aprecia el gigantesco paso que ha dado
nuestro atletismo en estos cincuenta años. Lo primero que debemos mostrar es el
agradecimiento de este atletismo al alcalde de la ciudad Ernesto Baringo y a
todos sus concejales, sin excepción, que lucharon denodadamente frente a
incomprensiones para el logro de tan magnífica obra.
Es difícil empezar de la nada y más difícil perseverar durante cincuenta años
para llegar a la espléndida situación actual del atletismo monzonense.
Siempre hubo dificultades; ya en 1946 presentamos los primeros estatutos que nos
fueron rechazados-por el Gobernador Civil de la provincia-debido a presiones de
politiquillos locales de la época. Estos estatutos finalmente serían aprobados
en la década de los años 50. Como curiosidad decir que entonces en la provincia
sólo había cuatro asociaciones legalmente constituidas; el casino de Jaca, el
Círculo Oscense. el Aéreo-Club de Huesca y el CENTRO ATLÉTICO MONZÓN, que a la
par cosa que ignoran muchos -éramos también sociedad recreativa-.
En realidad el CENTRO como tal club atlético tardó algo en salir a flote. En los
años 1944 y 45 la actividad atlética era meramente juvenil oficial, o sea.
campeonato provincial y nacional y fin. Ya en 1946 se participó a nivel federado
en Zaragoza con el nombre de Monzón a secas. En 1948 ya tuvimos nombre y
apellidos propios. Celebramos un encuentro -el primero de nuestra historia- en
Lérida contra el Huracanes y la prensa ilerdense nos tituló como el CENTRO
ATLÉTICO MONZÓN y así quedó, si bien luego hubo que añadir de E. y D. a efectos
legales para poder actuar más adelante.
El CAM poco a poco adquiría carta de naturaleza. Junta directiva y equipo
atlético era todo uno. Al principio las reuniones se celebraban en el bar de
Baldellou: más tarde en los años cincuenta se pasaría al café La Unión. después
con local propio a la calle de Estudio, luego a la pista de ceniza para recalar
finalmente en la actual. En aquellas primeras reuniones se aprobó el escudo y
los colores del club que -son los de la ciudad- ya que al principio se iba de
blanco.
Si hubo varias sedes sociales también hubo varias pistas, tres en concreto, la
de la Arboleda, un campo de fútbol de tierra con un foso común para los saltos y
circulo de cemento para martillo. Tras 18 años allí a la coqueta pista de ceniza
de la carretera de Pueyo, una pista magnífica pese a su cuerda de 300, pero con
una ceniza de altísima calidad y por fin la sintética actual. Obra emblemática
de la ciudad. que asegura un porvenir atlético brillante a la juventud
montisonense.
Algunos, supongo, se habrán preguntado porque me dediqué al atletismo, con tanta
intensidad. y porqué yo -desde el principio - regí los destinos del CENTRO.
A la primera pregunta es difícil contestar; es el porqué te gusta más un color
que otro, la pera que la manzana, la playa que la montaña..., en cuanto a la
intensidad. Eso, es visceral. Inevitable.
Respecto a lo segundo es por aquello que en un país de ciegos el tuerto es rey.
Yo era el tuerto. Ya de pequeño -12/14 años- organizaba carreras en la plaza de
chicos corriendo con aros a los que premiaba con chocolatinas. Más tarde, en
Riglos -donde viví dos años- corría por los bosques de pinos en un particular
"cross". En 1938 me empapé en el entonces semanario MARCA de todos los
resultados de los Juegos del 36. Un año después lo definitivo, vi la película en
Barcelona de la maravillosa LENI RIEFENSTAHL ''Los Dioses del estadio'' de
aquella grandiosa Olimpiada berlinesa: luego siempre que pude vi y leí sobre
atletismo, así cuando Llegó 1944 yo sabía perfectamente quiénes eran los Owens,
Tajima Metcalfe. Zabala, Jarvinen. etc,
Cuando se montó el campeonato juvenil que abría la era atlética en Monzón, fui
colaborador de sus organizadores políticos Solinis y Carrillo. Terminado dicho
campeonato ellos desaparecieron de la escena atlética y quedamos un grupito de
amigos. entre los cuales yo era el técnico, el administrativo y en palabras de
Pepito Blanc, el motor que movía aquello. Por eso me eligieron su presidente y
pese a todo lo dicho debo aclarar que nada bueno o malo que yo haya hecho en
estos 50 años hubiera podido hacer sino hubiera contado con un esforzado grupo
de colaboradores, que no es preciso citar por ser de sobras conocidos. Sin
ellos, repito, yo nada.
Me han pedido que manifieste mis recuerdos sobre mi experiencia cuando luchaba
por el CENTRO ATLÉTICO MONZÓN. Lo primero que debo decir es una gran alegría que
aquellos pasos que se dieron hace años, se hayan visto premiados con amigos
olímpicos.
Fui presidente de 1959 a 1968, y viví con gran satisfacción los primeros frutos
de varios campeonatos ganados, incluso a nivel nacional.
Todo había empezado el año 44 y tomamos el testigo de una forma muy original y
atípica para un grupo de muchachos que íbamos de catorce a veintidós años
aproximadamente, los Bribián, Casales, Banzo, Alfonso, Meliz, Pascualín, Baile,
etc. Nuestra mayor ilusión era sobre todo ocupar unas horas al día en las que
nos relajábamos y nos sentíamos felices.
Hoy a mis sesenta y cinco años, tengo la tentación de pensar que todo ha sido un
sueño, que no he llegado a ninguna parte, que me conformé pero contemplo los
frutos de aquellos años, hijos, nietos, amigos, trabajos y este CLUB, y veo que
ha merecido la pena de vivir la vida con ilusión.
Estos pensamientos míos, espero que, si hay algún joven que los lea, se pare a
pensar que una formación deportiva en sus años mozos, es tan necesaria como
vital. Me consuela saber que cuando cumplí los treinta y tres años todavía batía
records. Si es verdad que participaba de 100 a 800 metros y en jabalina, disco y
peso; muchas anécdotas os podría contar de aquellos años, pero para no ser
vanidoso os puedo decir que no éramos muchos, si bien unidos.
Me doy cuenta que aquellos años me han servido para hacer mi estructura, tanto
de vida como comercial. Había una disciplina, si querías llegar el primero,
tenías que trabajar todo un año para que en cincuenta segundos, en un
campeonato, pudieras llegar al final de esa carrera.
Esa constancia en los entrenamientos, esa disciplina mental y corporal, y ese
sacrificio que está dentro del ATLETISMO, es en realidad la que nos hace vivir
felices, y lo que siento es no haberme sacrificado más para demostrarme que era
todavía poco. He nombrado varios amigos, pero son dos mil o más los que en el
corazón llevo y en mi corazón están.
En el año 1.944, los chicos con inquietudes deportivas entre los que me
encontraba, asistimos como espectadores a la primera competición de atletismo
celebrada en nuestra ciudad, en la que, además, la mayoría de las pruebas eran
ganadas por participantes locales; chicos "mayores" a los que todos conocíamos.
Como es normal en edades tempranas, enseguida soñamos con imitarles, con la sana
intención de ganarlo todo, claro. Más tarde la realidad nos demostró a más de
uno, que esa no era tarea fácil, ni siquiera ganar algo alguna vez.
Desde aquella lejana fecha hasta llegar al Cincuentenario que ahora se cumple,
centenares de personas, hombres y mujeres, siguiendo el ejemplo de los
fundadores, algunos están todavía al pie del cañón -, han aportado a nuestro
Centro Atlético Monzón, lo mejor de cada uno, con lo que la entidad ha llegado a
la fecha que se celebra con la excelente salud de la que está gozando.
Durante algunos años de la vida del Centro, tomando el relevo de José Pedro
Blanc y hasta que el actual, Miguel Giral, asumió el cargo, he tenido el honor
de representarlo como Presidente, y es por ello que estas líneas quieren servir
de reconocimiento agradecido, a todos los amigos y amigas, Directivos, Atletas,
Entrenadores, Maestros, Socios y Simpatizantes, puesto que con su valiosa ayuda
y colaboración desinteresada, nuestro Centro ha permanecido vivo hasta ésta
celebración.
Mención aparte merecen las esposas y novias por el admirable aguante que han
demostrado con nosotros.
Confío que los que ahora conducen y representan de manera tan brillante al
Centro y los que vengan después, lo hagan llegar con su impulso por lo menos
hasta el Centenario, celebración a la que, con mucho sentimiento, no puedo
asegurar mi asistencia.
Un sentido recuerdo a nuestros amigos tristemente desaparecidos y para el resto un abrazo afectuoso.
FRANCISCO MANAU SANCHO
Monzón, Septiembre de 1994